¿Por qué aprendemos tan poco en la escuela?

El profesor Hugo Landolfi nos dice:

No es novedosa la noticia de que los sistemas educativos de la escuelas occidentales se encuentran inmersos en una profunda crisis de la cual dificilmente pueda salirse aplicando los mismos procedimientos y técnicas que llevaron a ella. Como dice el dicho: “Si no encuentra la salida, salga por donde entró”.

Esto significa que si perseveramos en el camino que generó esta crisis educativa, la misma se agravará aún mas. En muchos paises de habla hispana, como Argentina, España y Chile, se han incorporado en años recientes algunas reformas mas o menos radicales al sistema educativo las cuales no han dado los resultados esperados. El motivo de esto es que lo implementado ha sido siempre mas de lo mismo. Nadie puede creer con certeza que la educación de nuestros niños pueda mejorar si se hace que la escuela primaria tenga cinco o siete años de extensión, o que la secundaria tenga tres, cuatro o cinco años, como si la verdadera educación estuviera relacionada mas con la “cantidad” que con la “calidad”, es decir, con una redistribución de años escolares por aquí y por allá.

Uno de los motivos por los cuales la educación fracasa implica a la metodología educativa que se utiliza. En 1969 (hace casi 30 años), Edgar Dale, desarrolló un modelo que explica cuales son los métodos más y menos efectivos para el aprendizaje. El mencionado modelo, llamado “El cono del aprendizaje”, está basado en un estudio de campo muy profundo y extenso sobre el tema, tal vez, uno de los más exhaustivos que se hayan realizado.

Cono del Aprendizaje de Edgar Dale

Si observamos cuidadosamente el esquema podremos obtener información muy relevante. Los métodos menos efectivos para el aprendizaje (la lectura, las clases verbales de un profesor y los dibujos en la pizarra) son los que se encuentran mas ampliamente difundidos y utilizados y son los que ocupan los máximos porcentajes del tiempo educativo en nuestras escuelas. En cambio, los procedimientos que han demostrado ser mas efectivos (los debates, las simulaciones, el hacer las cosas realmente, el ver películas, etc) solamente ocupan un espacio marginal y muy reducido en los tiempos escolares.

Por supuesto que este planteo no pretende agotar las causas de la crisis educativa actual, ya que entendemos que este es un problema que involucra a múltiples factores. Sin embargo, a través del presente aporte, intentamos brindar un elemento de reflexión que pueda ayudarnos a salir de estancamiento en que nos encontramos.

La educación en el futuro según Eduard Punset

Hoy queremos compartir una reflexión de Eduard Punset sobre las necesidades educativas, de los cambio que debemos afrontar y la necesidad de la implicación de los maestros en ellas.

Autor: Eduard Punset 22 de noviembre 2009

Hay una gran mayoría de científicos convencida de que la próxima revolución, la que cambiará nuestras vidas hasta límites irreconocibles, será la fusión de la biología y la tecnología, que ya ha empezado. Esta revolución avanza a pasos agigantados, pero yo estoy convencido de dos cosas: de que no será la más importante y de que le va a ganar la partida otro tipo de transformación que se expresará, a la vez, más profunda y lentamente.

¿Por qué digo eso? Les pido a mis lectores que cierren los ojos un instante e imaginen la actividad que peor funciona de todas las prestaciones universalizadas: la justicia, la seguridad ciudadana, la enseñanza, la sanidad, el ocio, el transporte o la asistencia social a ancianos y necesitados. Otros y yo hemos hecho esta prueba en contextos sociales muy diversos. Pues bien, por ello puedo anticiparles el resultado de su experimento. Son muy pocos los que aludirán a la educación o la enseñanza como a la actividad que atraviesa la crisis más grave.

la educación del futuro
La educación del futuro gestionará la diversidad de las aulas modernas fomentando la inteligencia social y enseñará a gestionar las emociones positivas y negativas.

Y, sin embargo, es, a mucha distancia de las demás, la que menos está respondiendo a las exigencias de las sociedades modernas. Tenemos un sistema educativo instalado en la Prehistoria. Intuimos ahora que la reforma educativa de los próximos 50 años a nivel mundial se caracterizará por una reforma radical de la profesión de maestro. Lejos de ser una profesión liviana, la de maestro será una carrera con un contenido más profesional y complejo que cualquier otra.

Lo que está aflorando del análisis en curso es que el objeto de la reforma no es tanto alterar la complejidad de las clases globalizadas, ni la propia sociedad, como la categoría de los maestros, que verán sus objetivos transformados. El objetivo no será cambiar las clases, que, a veces, fruto del proceso de globalización, parecen una reunión de 30 jóvenes con problemas mentales gritando a sus maestros. Tampoco podemos cambiar de la noche a la mañana las asociaciones de padres, que parecen compaginar un desinterés inaudito por la educación de sus hijos con una cierta agresividad contra el profesorado.

¿Cuál será, pues, a partir de pasado mañana, la misión de los sistemas educativos en el futuro? ¿Formar especialistas? No. La reforma de la enseñanza se propondrá dimensionar ciudadanos en un mundo globalizado. ¿Pertrechar las mentes de sus estudiantes? No. Los esfuerzos venideros en materia educativa apuntarán a reformar los corazones de la infancia y la juventud, olvidados por la obsesión exclusiva en los contenidos académicos.

¿Cómo se consigue alcanzar esta misión? Cumpliendo estos dos objetivos. Uno: aprender a gestionar la diversidad de las aulas modernas, a las que ha cambiado profundamente su cariz la globalización. Se trata de fomentar la inteligencia social y no sólo la individual, hacer que sirva para concatenar cerebros dispares y distintos, tomando buena nota de sus diferencias étnicas, culturales ysociales.

Simultáneamente –y éste es el otro objetivo–, resultará imprescindible que los maestros fomenten el aprendizaje de las emociones positivas y negativas, que son comunes a todos los individuos y previas a los contenidos académicos destilados a la infancia; es decir, aprender a gestionar lo que nos es común a todos. Se trata de enseñar a los jóvenes a gestionar la rabia, la pena, la agresividad, la sorpresa, la felicidad, la envidia, el desprecio, la ansiedad, el asco o la sorpresa.

Al profundizar en el sistema de enseñanza del futuro, estamos constatando que, lejos de ser la profesión de maestro una de las más livianas, es ya, sin lugar a dudas, las más compleja y sofisticada de todas ellas. ¿Cómo ha podido la sociedad, los propios educandos y las instituciones hacer gala de tanta ceguera?

Educar es lo mismo…, por Gabriel Celaya

Educar es lo mismo

que poner motor a una barca…

hay que medir, pesar, equilibrar…

… y poner todo en marcha.

Para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino…

un poco de pirata…

un poco de poeta…

y un kilo y medio de paciencia

concentrada.

Pero es consolador soñar

mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá

nuestra bandera

enarbolada.