Educando para el tercer milenio

Os reproducimos a continuación un extracto del artículo de Juan Perea, del 13/4/2010 aparecido en El Confidencial. En él resume, los puntos resaltados en el Congreso Niños del Tercer Milenio” celebrado en abril, en Barcelona.

Otro modelo educativo es posible. Una educación donde los adultos implicados (padres, profesores y responsables políticos) reconocemos que este proceso no consiste en darle al alumno un paquete de conocimientos bajo una disciplina casi policial. Se trata de acompañar al menor en el descubrimiento de sus capacidades, en el desarrollo y potenciación de su creatividad, en la expresión de sus emociones y en su encaje en el grupo como ser único capaz de aportar su individualidad para construir una sociedad más humana, más armónica y mejor. Y hacerlo con el mayor respeto posible a cada niño, a cada joven, con una mirada más amplia, reflejo del amor que proclamamos profesar hacia nuestros hijos. El resultado vendrá en forma de adultos maduros con la fuerza necesaria para construir un mundo mejor.

El sistema educativo actual es reflejo de la creencia que tenemos sobre nuestros hijos. Los consideramos como una posesión, lo cual hace que tratemos de manejarlos a nuestro antojo y no atendamos a su individualidad.

Escudados en la responsabilidad que tenemos de hacer de nuestros hijos ‘hombres y mujeres de provecho’, y amparados en la excusa de que ‘les estamos labrando un futuro’, tratamos de encajonar a los niños y jóvenes de hoy en las mismas normas bajo las que nosotros hemos vivido. Reglas obsoletas para un modelo que hace aguas en un mundo que cambia aceleradamente.

Unos individuos saludables emocionalmente necesitan ser educados en un sistema que atienda y comprenda la emocionalidad y que forme personas virtuosas que, como suma, darán lugar a una sociedad virtuosa. No hablo de virtud como algo relacionado con normas éticas o morales, sino fundamentalmente como armonía.

El modelo actual da lugar a una personalidad demasiado voraz (yo, mí, me, conmigo) y esto no es sostenible en un mundo que sufre por nuestra arrogancia, ambición y adicción al placer. …. Ahora tenemos la responsabilidad de revisar esos valores que vienen de generaciones anteriores y preguntarnos: ¿Cuáles son los valores sobre los que damos sentido a la educación de nuestros hijos?

Atender a la peculiaridad de cada alumno

… Educar en este siglo que abre el milenio debe incluir la atención a la peculiaridad, a la particularidad de cada educando, dotándole de las herramientas para que se pueda desarrollar cuidando de su mente, de su cuerpo y de su espíritu. Estos individuos encontrarán de manera natural su sitio en la sociedad que les toque vivir. La colectividad se beneficiará así de individuos más plenos y capaces y el resultado será una sociedad más rica, más múltiple, más viva.

… El modelo nuevo debe adoptar un triple foco y atender así a lo normativo, lo emocional y lo espontáneo. Admitir el derecho del niño a la felicidad (algo que todos queremos para nuestros hijos),  pasa por el reconocimiento de su individualidad y por el descubrimiento que el individuo va haciendo sobre su lugar en la sociedad y en el mundo.

Son muchos años con una educación basada en el premio y castigo, apelando más a nuestro lado animal que al humano. El resultado está a la vista. Cambiarlo depende de todos, de las pequeñas aportaciones de cada uno, como madre o padre, como educador o como responsable educativo. Si reconocemos a nuestros hijos como seres multidimensionales, podremos contribuir a su formación como seres integrales, con posibilidad de mantenerse felices. Si reconocemos sus emociones podemos abrazarlos, si reconocemos sus mentes podemos dialogar y si reconocemos sus dones podemos guiarlos.

Ellos saben a dónde van, no los equivoquemos con nuestras creencias y obsesiones. Esperan de nosotros que les acompañemos, escuchemos y amemos incondicionalmente. Los niños sólo nos piden que preservemos su identidad natural, su ser más esencial, que les demos las herramientas para que esa individualidad pueda contribuir al bien social y que caminemos junto a ellos mirándoles con amor.

Articulo original: Sin premios ni castigos: educando para el tercer milenio

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