Cambiar la educación para cambiar el mundo (III): juntos…

Al mal tiempo, buena cara”, refrán.

A pesar de seguir inmersos en plena crisis -no ya económica sino, de acuerdo con el planteamiento del profesor Lledó que expusimos hace dos entradas, moral, de inteligencia-, empezamos 2014 con mucha ilusión.  La ilusión que nos proporciona, a raudales, estar embarcados en un proyecto educativo cuyo objetivo, compartido con proyectos afines, es proporcionar a nuestros hijos el ambiente y los recursos que allanen el camino hacia su pleno desarrollo y a la autorrealización (Maslow, McIntyre, etc.). Como suponemos inquietudes similares en vosotros, amigos que nos visitáis en este blog, damos por hecho que sabéis que son muchos los pensadores que coinciden en que el mejor antídoto para el veneno que hace enfermar de miseria moral e intelectual a las sociedades es la educación. Pero educación en sentido pleno (intelectual, físico y emocional), y no el adiestramiento laboral en el que se está convirtiendo el sistema educativo oficial. Siendo conscientes del camino por el que nos están arrumbando, estamos en la obligación de generar espacios educativos alternativos en el que los alumnos puedan trazar sus propios itinerarios, por oposición a las “rutas a la empleabilidad” que propone la LOMCE, por ejemplo. Pero no podemos hacerlo solos, de forma aislada; necesitamos la acción sinérgica de quienes comparten estas preocupaciones. Esto lo tenemos que hacer juntos. Por eso, en mayo, celebraremos las III Jornadas Andolina – “Otra forma de mirar la educación”: un encuentro de familias y educadores en el que compartiremos experiencias y extenderemos nuestra red de apoyo mutuo.

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Las terceras jornadas ya…, en los tres años de vida del Colegio Andolina: no está mal. No deja de sorprenderme el nivel de realización que ha alcanzado el colegio en solo tres años; estoy convencido de que la clave es la cooperación ilusionada por un objetivo común, por un sueño…

Para conocer un poco mejor esta breve historia os proponemos un nuevo extracto del Dossier que presentamos al I Premio a la Educación Claudio Naranjo:

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Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad.”

Ninón de Lenclós; escritora, cortesana y mecenas (1615-1705)

[…]

El colectivo que forma Andolina es relativamente heterogéneo, si atendemos a los parámetros socioeconómicos convencionales. Así, podríamos decir que sus miembros están distribuidos en todos los niveles formativos (desde la enseñanza obligatoria a la superior) y en todas las circunstancias laborales (desempleados, empresarios, asalariados, funcionarios, autónomos, etc.) en variados ámbitos profesionales. Si hay un denominador común es la sensibilidad hacia la infancia y una profunda inquietud hacia el desarrollo pleno de los hijos. Esta inquietud se manifiesta, también, de formas diversas: desde la insatisfacción con el sistema educativo “oficial” hasta la crítica abierta a un modelo socioeconómico que antepone, dramáticamente, el desarrollo económico al personal.

De esta forma llegamos a la necesidad de un grupo de familias de buscar un centro de enseñanza alternativo al que ofrece el sistema. Y ante la ausencia de tal alternativa en Asturias, la necesidad de crearla. Se da entonces la aparente paradoja de que desde 2011, en plena crisis económica y, desde nuestra perspectiva, moral también, hay en Gijón un colegio privado que aboga por un modelo a contracorriente: si además de la inevitable asociación de “colegio privado” con una formación “elitista” tenemos en cuenta que, en situaciones de crisis y, especialmente, con una tasa de desempleo inaudita, la lógica que se nos impone es la de incrementar la presión en la enseñanza para proporcionar a los niños más “competencias” para una lucha individualista por la supervivencia (el aterrador “mercado de trabajo”), el colegio Andolina, muy al contrario y para desconcierto, cuando no desaprobación, de los ajenos, reduce la presión, libera a los niños de las expectativas “adultas” y les deja aprender la vida a su ritmo.

Entonces este colegio privado se convierte en un proyecto educativo cooperativo autogestionado por las propias familias que reclaman este servicio; hasta el punto de asumir todas las tareas posibles para reducir la aportación económica (cuota) al mínimo y hacerlo así accesible a la mayoría.

Andolina en Gijón

Foto by Spmxa (CC-BY-SA-3.0)

Andolina tiene, pues, vocación transformadora. Partimos de una realidad hostil y decadente, en la que se nos “vende” el sistema educativo como un igualador de oportunidades en una competición meritocrática; una línea de salida en una carrera llena de obstáculos y zancadillas, y cuya meta es cierto poder adquisitivo combinado con una alienación narcotizante que nos impida descubrir el engaño de la “movilidad social ascendente”.

Como dice el filósofo gijonés, César Rendueles: “Un efecto secundario de la meritocracia es que el sistema educativo asume una carga desmesurada. La escuela ha dejado de ser un lugar al que uno acude a tratar de aprender algo, para convertirse en el único mecanismo de justicia social aceptado. Las instituciones educativas son el espacio donde teóricamente se disuelven los privilegios heredados y se generan otros nuevos basados en el mérito. En el mejor de los casos, es una misión desproporcionada que excede la capacidad de intervención social de la educación; en el peor, una farsa que encubre el papel que desempeña el sistema escolar en la transmisión de la posición de clase.”

Pretendemos contribuir a otra realidad basada en la cooperación y el bien común, de la que Andolina quiere ser modelo. Metas ambas que no se alcanzan “adiestrando” a nuestros hijos; es el estado, creemos, al que llegan las personas autorrealizadas, es decir, aquellas que han gozado de un desarrollo pleno de todas sus facetas (intelectual, emocional e instintiva) en un entorno propicio. ¿Cómo?…  <<

Vuelve por este Espacio de Reflexión dentro de unos días y te seguiremos contando nuestra experiencia.

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