Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Ahora compartimos su diario de viaje, en tres entregas, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

Día 1

Por la mañana visitamos a un grupo de mujeres refugiadas que pertenecen a la minoría yazidí, que está siendo aniquilada y expulsada del norte de Iraq por el Estado Islámico.

Todas tienen un mínimo de 5 hijos o hijas. Una acaba de recibir, por fin, la noticia de la confirmación de su acogida en Alemania. Pero las otras aún permanecen atrapadas entre la burocracia griega y la inacción europea. La mayor tiene 92 años. Imaginarla jugándose la vida en una barcucha entre la costa turca y la griega, pone los pelos de punta. Pero todas ellas sobrevivieron y pasaron meses en un campo de refugiados de tiendas de campaña donde las condiciones de vida han sido penosas. Ahora están en el hostal de la foto que adjunto, hacinadas junto a su innumerable prole en tres habitaciones.

Uno de los hombres que vio junto a ellas el vídeo de apoyo de Amnistía Internacional, en el que se incluye el saludo del colegio Andolina, me cuenta cómo su familia salvó la vida de milagro. Huyeron in extremis de su casa tras percatarse de un ataque del Estado Islámico. Tiene 23 años pero parece de mi edad (41). Se refugiaron en las montañas y él quiso volver pasados unos días. No llegó a su pueblo. En el camino vio cientos de cadáveres, mutilados, decapitados… Me enseñó fotos de todo ello en su móvil. Quiso enterrarlos. Hizo lo que pudo con unos cuantos cuerpos y volvió con su familia. Llegaron a Turquía y desde allí, pagando a las mafias todo el dinero que tenían, se jugaron la vida subiendo a una barca que les llevó a Grecia. Sólo quieren vivir en paz, donde sea. Pero las fronteras europeas permanecen cerradas.

Después de ver el vídeo y mostrarles los más de 7.000 mensajes de apoyo que les llevamos, se emocionaron y nos agradecieron enormemente el esfuerzo. No tienen nada, pero nos invitaron a té, pasas y galletas.

Este es el vídeo que elaboré para Amnistía Internacional del momento en que les entregamos los mensajes.

http://barentareport.es/refugiadas-mujeres-yazidies

Luego, otra familia de esta comunidad nos invitó a comer en su habitación. Éramos doce sentados entre una cama, taburetes y el suelo. Cocinaron para nosotros un guiso típico de Oriente Medio que estaba riquísimo. Os cuento todo esto para compartirlo con todas las familias gijonesas y para que las integrantes de Andolina recibáis el feedback de nuestra participación a través del saludo que grabamos.

Ya por la tarde, visitamos dos campamentos de personas refugiadas. Ha sido el invierno más duro en Grecia en 50 años. Están sustituyendo las tiendas por containers, pero aún así viven en condiciones lamentables.

Sin embargo, dicen, eso no es lo peor. Lo que menos soportan son dos cosas: por un lado, estar varados aquí, la incertidumbre, no poder hacer nada, no saber cuándo les van a llamar para decirles que este o aquel país les acoge; por otro, que sus peques “no estén yendo al cole”.

Por la noche, trato de procesar la jornada. Lo cierto es que sobrecoge salir de tu burbuja particular y enfrentarte cara a cara con los dramas de tantas personas. Una cosa es escuchar estas historias por la tele y otra muy diferente que sean las mismas personas refugiadas las que te lo están contando mirándote a la cara. Hay que ser fuerte. Lo que menos necesitan es que tú también te derrumbes. Debo escucharles, sobre todo escucharles, y después, una sonrisa, un abrazo… Que sepan que aunque no puedas hacer mucho por ayudarles, les entiendes y empatizas con su desesperanza. Tienen que saber que les apoyas. Y que aunque los gobiernos les ignoren, una gran parte de la ciudadanía de a pie les lanza un mismo mensaje: “no estáis solos”.

Tesalónica. Norte de Grecia. Concertinas en el puerto para impedir la entrada a la ciudad.

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Tesalónica. Norte de Grecia. Pintadas críticas con la actitud de Europa.

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