Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia (tercera parte).

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Hoy compartimos la tercera y última parte de su diario de viaje, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

DOMINGO, 5 de febrero de 2017

11:54 horas – Aeropuerto de Atenas

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El viaje toca a su fin. Y mi mochila vuelve más cargada. De experiencias, de emociones, de duras conversaciones… De gestos de desesperanza, rostros deprimidos, miradas tan profundas que albergan un dolor difícil de imaginar… De suspiros angustiosos, como los que dieron tres mujeres sin maridos después de preguntarnos si Europa se dignará a abrir de nuevo las fronteras. De lágrimas de impotencia, como las de un hombre de 36 años, camarero, desesperado por haber pagado un dineral a las mafias para que llevaran directamente a su familia a un país europeo que no fuera Grecia. Y aquí están, les engañaron, en un campamento próximo a Atenas… sin dinero, sin trabajo, sin nada que hacer salvo esperar y esperar, un día tras otro… ¿Pero esperar a qué? ¿A que reabran las fronteras? Es duro, muy duro decirles a estas personas que no creemos que las abran, o al menos como antes. ¿A volver a su país, cuando no tienen nada, ni casa, ni dinero, ni futuro allí…? ¿Volver para qué? ¿Volver cuando muchos de sus familiares murieron a manos de los talibanes, la guerra en Siria o el Estado Islámico? ¿Volver para estar de nuevo perseguido, discriminado, expulsado… como los kurdos y yazidíes?

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Sólo tienen otra única opción: conseguir más dinero, como sea, no se sabe muy bien cómo, para volver a pagar a las mafias y lograr que alguno de los chavales o alguna de las peques de la familia, el más despierto, la más desenvuelta, pero en cualquier caso menor de edad, atraviese las fronteras griegas de forma ilegal. De esa forma, si logra llegar a Alemania, por ejemplo, las autoridades están obligadas a buscar a su padre y a su madre, permitiendo la reunificación familiar en su territorio. Es una opción, sí, pero te juegas la vida de tu hijo, o que violen a tu hija en la dura travesía. Muchas familias es lo que están haciendo. En el campo de Illiniko nos encontramos a dos chicos. Uno tiene 17 años, pero ante las autoridades griegas ha dicho que tiene 18 para no ser trasladado a un centro de menores y recibir los 80/90 euros al mes asignados a los refugiados adultos. Salió de Afganistán con 11 años para buscar en Europa un futuro mejor. Y aquí está, varado, angustiado, preguntándose por qué un ser humano merece estar como él, compartiendo tienda con otros chicos de su edad en el interior de una vieja terminal aérea abandonada. Qué paradoja. Una terminal de aeropuerto. Un lugar desde el que poder llegar a donde quieres. Pero esta terminal está cerrada. No tiene aviones. Sólo viajeros sin billetes. Muchos, demasiados… Personas que como este chico, no pueden ir a ninguna parte y se consumen a diario porque no tienen nada que hacer. Por eso algunos chavales acaban merodeando de día por la plaza ateniense de Omonia, consumiendo drogas e incluso prostituyéndose.

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H3.pngEs surrealista. En este campo, en Illiniko, hay tres núcleos donde malviven las personas refugiadas. La terminal, un pabellón descubierto de béisbol en desuso y un viejo estadio de hockey. La imagen te descoloca. Porque, en efecto, todo lo que ves está descolocado, fuera de lugar… Impresiona ver desde lo alto de las gradas, con decenas de hileras de butacas azules vacías, semejante espectáculo. No, no es un evento deportivo, ni un concierto de música…que es lo que tu cerebro relaciona con el entorno. En el campo de juego se amontonan frágiles tiendas de campaña. En varios campamentos algunas de ellas se hundieron con la nieve tras la última ola de frío. Al observar las butacas solas, inertes, impasibles…, un pensamiento se me viene irremediablemente a la cabeza: la inacción e irresponsabilidad de los gobiernos europeos, que han cerrado los ojos para no ver semejante espectáculo dramático. Las cifras no engañan. El número total de refugiados no es mayor que las víctimas de un terremoto o un huracán. Es este un conflicto “menor”. Sí, cuesta emplear esta palabra ante la magnitud de la tragedias de estas familias, pero es así. Y Europa no es capaz si quiera de dar una solución acorde. España se comprometió en 2015 a acoger a unos 17.000 refugiados. De momento sólo ha recibido a poco más de 1000. ¿Dividimos 16.000 entre el número de ciudades españolas? No hace falta hacer el cálculo para saber que hablamos de cantidades perfectamente asumibles que todos y cada uno de los países europeos podrían absorber proporcionalmente sin problemas de ningún tipo. Falta voluntad, falta ética, faltan muchas cosas… ¿Esta es la Europa que queremos?

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Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia (segunda parte).

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Hoy compartimos la segunda de tres entregas de su diario de viaje, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

Día 2

Hoy el saludo de Andolina ha causado especial sensación a una familia de sirios kurdos con dos de sus miembros, Alan (30) y Gyan (28), en silla de ruedas por distrofia muscular.

Aquí podéis ver el vídeo de este momento:

http://barentareport.es/refugiados-alan-y-gyan

Han huido también del Estado Islámico. Recorrieron 2.500 kilómetros en sus sillas de ruedas, empujadas por su hermana y su madre. Al llegar a las montañas, Alan y Gyan tuvieron que viajar colgados de las alforjas de un caballo. Luego, se vieron obligados a pagar a las mafias para alcanzar la costa griega en una barcaza neumática.

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Han pasado el invierno en campos de refugiados. Nosotros les encontramos en un sórdido hotel de Atenas reconvertido en alojamiento improvisado para los que, al fin, están a punto de volar a su país de acogida. Tienen suerte. Ellos, a diferencia de miles de personas refugiadas, tienen ya a familiares en Alemania (su padre y otra hermana) y por eso han podido salvar el cerco europeo.

Se han emocionado mucho mucho al ver a nuestr@s peques diciéndoles “I welcome”.  En el vídeo se observa su reacción.

Mientras leen los mensajes de apoyo, Alan y Gyan nos cuentan que hoy no podían ni salir de la habitación con sus sillas de ruedas porque no funcionaban los ascensores. Es una piedra más en su odisea particular. Y aún les quedan en torno a 40 días de espera. Llevan ya más de un año desde que consiguieron alcanzar la costa griega.

Ha sido emocionante y muy bonito grabarles y entrevistarles.d

Antes, por la mañana, estuvimos en la embajada española. Reconocieron que nuestro país sólo ha acogido a 1.023 refugiados de los 17.000 a los que se comprometió en 2015. Sin comentarios.

NOTA: el pasado 7 de marzo, unos días después de la visita de Amnistía Internacional, al fin, Alan y Gyan llegaban a Alemania. Este es el momento del ansiado reencuentro familiar difundido por la CNN:

http://edition.cnn.com/videos/world/2017/03/14/iaw-amanpour-refugees.cnn/video/playlists/amanpour/

Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Ahora compartimos su diario de viaje, en tres entregas, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

Día 1

Por la mañana visitamos a un grupo de mujeres refugiadas que pertenecen a la minoría yazidí, que está siendo aniquilada y expulsada del norte de Iraq por el Estado Islámico.

Todas tienen un mínimo de 5 hijos o hijas. Una acaba de recibir, por fin, la noticia de la confirmación de su acogida en Alemania. Pero las otras aún permanecen atrapadas entre la burocracia griega y la inacción europea. La mayor tiene 92 años. Imaginarla jugándose la vida en una barcucha entre la costa turca y la griega, pone los pelos de punta. Pero todas ellas sobrevivieron y pasaron meses en un campo de refugiados de tiendas de campaña donde las condiciones de vida han sido penosas. Ahora están en el hostal de la foto que adjunto, hacinadas junto a su innumerable prole en tres habitaciones.

Uno de los hombres que vio junto a ellas el vídeo de apoyo de Amnistía Internacional, en el que se incluye el saludo del colegio Andolina, me cuenta cómo su familia salvó la vida de milagro. Huyeron in extremis de su casa tras percatarse de un ataque del Estado Islámico. Tiene 23 años pero parece de mi edad (41). Se refugiaron en las montañas y él quiso volver pasados unos días. No llegó a su pueblo. En el camino vio cientos de cadáveres, mutilados, decapitados… Me enseñó fotos de todo ello en su móvil. Quiso enterrarlos. Hizo lo que pudo con unos cuantos cuerpos y volvió con su familia. Llegaron a Turquía y desde allí, pagando a las mafias todo el dinero que tenían, se jugaron la vida subiendo a una barca que les llevó a Grecia. Sólo quieren vivir en paz, donde sea. Pero las fronteras europeas permanecen cerradas.

Después de ver el vídeo y mostrarles los más de 7.000 mensajes de apoyo que les llevamos, se emocionaron y nos agradecieron enormemente el esfuerzo. No tienen nada, pero nos invitaron a té, pasas y galletas.

Este es el vídeo que elaboré para Amnistía Internacional del momento en que les entregamos los mensajes.

http://barentareport.es/refugiadas-mujeres-yazidies

Luego, otra familia de esta comunidad nos invitó a comer en su habitación. Éramos doce sentados entre una cama, taburetes y el suelo. Cocinaron para nosotros un guiso típico de Oriente Medio que estaba riquísimo. Os cuento todo esto para compartirlo con todas las familias gijonesas y para que las integrantes de Andolina recibáis el feedback de nuestra participación a través del saludo que grabamos.

Ya por la tarde, visitamos dos campamentos de personas refugiadas. Ha sido el invierno más duro en Grecia en 50 años. Están sustituyendo las tiendas por containers, pero aún así viven en condiciones lamentables.

Sin embargo, dicen, eso no es lo peor. Lo que menos soportan son dos cosas: por un lado, estar varados aquí, la incertidumbre, no poder hacer nada, no saber cuándo les van a llamar para decirles que este o aquel país les acoge; por otro, que sus peques “no estén yendo al cole”.

Por la noche, trato de procesar la jornada. Lo cierto es que sobrecoge salir de tu burbuja particular y enfrentarte cara a cara con los dramas de tantas personas. Una cosa es escuchar estas historias por la tele y otra muy diferente que sean las mismas personas refugiadas las que te lo están contando mirándote a la cara. Hay que ser fuerte. Lo que menos necesitan es que tú también te derrumbes. Debo escucharles, sobre todo escucharles, y después, una sonrisa, un abrazo… Que sepan que aunque no puedas hacer mucho por ayudarles, les entiendes y empatizas con su desesperanza. Tienen que saber que les apoyas. Y que aunque los gobiernos les ignoren, una gran parte de la ciudadanía de a pie les lanza un mismo mensaje: “no estáis solos”.

Tesalónica. Norte de Grecia. Concertinas en el puerto para impedir la entrada a la ciudad.

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Tesalónica. Norte de Grecia. Pintadas críticas con la actitud de Europa.

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El potencial sanador de la empatía

A continuación os mostramos un artículo sobre la empatía del blog de nuestra ponente Tatiana Sibilia, en el curso que se impartirá en Gijón y que consta de 4 talleres. Para más información visita nuestra web Curso de Comunicación Integrada.

 

Fuente: despertandolaeducación.com

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“No es la primera vez que escribo sobre la empatía, y creo que tampoco será la última. En los cursos, talleres y sesiones individuales que ofrezco, tropiezo una y otra vez con la confusión y dificultad que tenemos con respeto a esta capacidad inherentemente humana que tiene el potencial de sanar incluso los traumas más arraigados y de enriquecer nuestras relaciones con un nivel de conexión, plenitud y fluidez casi inesperable.

Uno de los factores que no facilitan el desarrollo de este potencial es el hecho que muchas veces pensamos saber lo que es la empatía cuando, desafortunadamente, creo que tenemos ideas muy borrosas al respeto y muy pocas vivencias concretas. Por esta razón me gustaría aportar algunas reflexiones que nos puedan ayudar en fortalecer nuestra comprensión y experiencia de la empatía y su poder sanador.

Hay que reconocer que la empatía nos presenta unas cuantas complejidades y por lo tanto no es sorprendente que no tengamos muy claro de que se trata en realidad, también la palabra “empatía” tiene distintos significados en distintos contextos y esto por un lado nos aporta más profundidad pero también un poco de confusión.

Cuando pregunto en mis talleres “¿Que es la empatía para vosotros?” la respuesta más frecuente es: “Ponerte en la piel del otro, sentir lo que siente el otro”. Creo que esta es la definición más corriente de la palabra y aunque nos ayuda a vislumbrar algo muy pertinente, también da pié a algunos malentendidos. Por ejemplo, ponernos en la piel de otra persona no necesariamente quiere decir estar de acuerdo con ella o justificar sus acciones. Tampoco quiere decir, dar por supuesto que sabemos lo que más le conviene a esta persona, lo que debería hacer, o que tengamos que “arreglar sus problemas”.

La empatía fisiológica

Las investigaciones científicas de los últimos 50 años nos han permitido descubrir las famosas “neuronas espejos”, las cuales son las responsables de la base fisiológica de la empatía, o sea, la capacidad de nuestro cerebro de activarse en resonancia con las experiencias de otros seres. Entendemos que, incluso a partir de los primeros meses de vida, nuestro cerebro reacciona a las experiencias que podemos percibir en otras personas activando las mismas partes como si estuviéramos viviendo la experiencia en primera persona. Esta información nos permite entender el nivel más básico de la empatía, lo que nos permite entrar en relación con otros desde una experiencia compartida y que explica un factor imprescindible en la supervivencia de nuestra especie: conectar a través de una experiencia compartida es mucho más fundamental y determinante para nuestra supervivencia que nuestra capacidad de competir. Aun así, esta información no abarca la complejidad de lo que es la empatía como fuerza sanadora, el simple hecho de poder aproximarnos a la experiencia de otra persona no es suficiente para establecer relaciones de respeto, colaboración y sanación. Aquí es donde entramos en el nivel que tiene que ver con la cultura, la educación y los procesos cognitivos. Sin entender esto, no podríamos explicar como los seres humanos pueden llevar a cabo acciones que implican el sufrimiento de otros seres.

Una cultura que bloquea la empatía

Para entender este nivel podemos utilizar una definición muy básica de lo que es la cultura: una construcción de creencias, ideas y modalidades cognitivas que se trasmiten entre las personas pertenecientes a un mismo grupo. Una de las construcciones más nefastas para el desarrollo de la empatía es la idea del “bien” y del “mal” y consecuente “castigo y recompensa”. Estos pensamientos tienen el poder de desconectarnos completamente de nuestra capacidad empática cuando creemos que la otra persona es “mala” o ha hecho algo “malo” y por lo tanto no tiene la “razón” y se merece un “castigo” (incluso un castigo muy suave como la privación de nuestra atención respetuosa). Así es como podemos, por ejemplo, torturar a alguien y no tener remordimiento (por lo menos a nivel superficial), porqué nuestros pensamientos han catalogado la persona como “mala y merecedora de castigo”. Es un ejemplo extremo pero quizás nos ayuda a entender como la empatía fisiológica no es suficiente para el desarrollo de la compasión, respeto y cuidado si nuestras otras facultades no están alineadas con estos valores. Para mi, esto es lo maravilloso y lo terrible del ser humano: si nuestra fisiología sola pudiera determinar nuestra compasión no habría ni verdadera libertad ni implicación personal, de hecho seríamos como maquinas compasivas, programadas para funcionar así. El hecho de que somos criaturas complejas y dotadas de pensamiento nos proporciona el reto de dirigir y cultivar conscientemente nuestra fisiología y no estar atados por ella. Supongo que esto es lo que se define como “libre arbitrio”, lo cual es un privilegio y un inconveniente a la vez.

Entonces, para desarrollar el potencial sanador de la empatía es necesario emprender un camino de desarrollo personal que implica la revisión constante de nuestras ideas, creencias y pensamientos y esto, francamente, da mucha pereza! Muy fácil es sentir empatía por aquellas personas con las que estamos de acuerdo, catalogamos como buenas o incluso “victimas”, hasta aquí la empatía fisiológica nos sirve muy bien. Otra cosa es empatizar con los que consideramos “malos”, “agresores” y con los que no estamos de acuerdo. Algunos estarán pensando: “¿Y para que empatizar con estas personas?”, una pregunta muy interesante!

La respuesta no es sencilla ni corta, de hecho quizás ni siquiera existe una respuesta definitiva, pero me gustaría proponer una linea de reflexión para darnos algunos puntos de partida.

¿Habéis tenido alguna vez la experiencia de estar en guerra con vosotros mismos? Esta es una situación muy recurrente en mi experiencia personal y profesional. ¿Que pasa? Normalmente hay una parte de nosotros que dice algo, quiere algo, piensa algo, siente algo y luego hay otra parte o partes, que no están de acuerdo y empiezan una larga serie de maniobras para convertir, redimir, controlar, cambiar, convencer y hasta eliminar la otra parte. Los resultados son varios, desde un éxito parcial hasta la neurosis. El éxito parcial se refiere a aquellos cambios que se logran a través del uso de técnicas Pavlovianas, basadas en el castigo y recompensa como factores determinantes. Esto no es lo que defino como sanación. Sanación para mi es cuando los cambios se logran a través de un dialogo profundo, abierto y extremadamente compasivo con la/s parte/s en cuestión y cuando, desde este dialogo, surge una fuerza creativa, inspiradora y vital que nos empuja hacia el crecimiento y la realización, no desde el miedo sino desde la ilusión de aportar algo positivo. La capacidad de generar este tipo de dialogo, internamente o externamente es lo que brilla por su ausencia en nuestra cultura. La situación política internacional actualmente no podría ser mejor demostración de lo que acabo de decir. Queremos paz y bombardeamos. A nadie se le ocurre intentar otro camino, basado en la escucha, el deseo de entender, reconocer la experiencia del otro, encontrar una base común en nuestra humanidad, buscar soluciones colaborativas que tengan en cuenta todas las necesidades de la misma manera. Para hacer todo esto se necesita una empatía que va mucho más allá de lo fisiológico, una empatía que se cultiva a través de la auto consciencia, la superación de creencias obsoletas, la capacidad de sostener el dolor y la impermanencia. No es un camino sencillo y sin retos, a la vez es un camino lleno de vida, de asombro, de esperanza y creatividad.

Empatía como fuerza sanadora

Las investigaciones de la neurobiología interpersonal nos han permitido, en las últimas décadas, entender con más profundidad y precisión el rol de la empatía en los procesos de sanación de traumas y experiencias difíciles para lograr más resiliencia e integración, trabajando no solo desde la parte emocional sino también tomando en consideración los procesos neurológicos que subyacen las emociones. Estas aportaciones no solo validan prácticas milenarias como la meditación, sino que nos aportan nuevas herramientas para apoyar nuestro sistema nervioso en los procesos de sanación.

En este contexto estamos hablando de una empatía que va más allá de la empatía fisiológica, y que se convierte en una capacidad muy compleja y profunda. Me gustaría nombrar, de manera muy resumida, algunos elementos importantes en el desarrollo de la “empatía sanadora”.

Los ingredientes fundamentales

Para empezar a cultivar este tipo de empatía, es imprescindible desarrollar un nivel de auto consciencia que nos permite saber que es lo que nos está pasando en cada momento, o por lo menos en cada momento que queremos saberlo. Si no tenemos esta consciencia es muy fácil confundir los efectos de las neuronas espejos y empezar a proyectar nuestras emociones en las emociones de otras personas. Esto genera confusión y la posibilidad de perdernos en la experiencias de los demás, lo cual no ayuda y no es empatía. Aunque queremos establecer un vínculo, necesitamos saber diferenciar entre lo que le está pasando a la otra persona y lo que nos está pasando a nosotros mismos por dos razones: una es que aunque podamos “ponernos el la piel” de la otra persona, nunca vamos a saber y sentir exactamente lo que siente, y por lo tanto es importante mantener una actitud de humildad con respeto a las experiencias de otras personas y no pensar que “sabemos lo que le pasa”. La otra razón es que, en general, es muy difícil atender empáticamente a otra persona cuando estamos muy removidos emocionalmente, y es importante reconocer cuando esto pasa.

Junto con esta capacidad de auto consciencia necesitamos desarrollar un cierto nivel de ecuanimidad que nos permita mantenernos objetivos y tranquilos incluso cuando lo que estamos escuchando nos parece un ataque. Sin ecuanimidad es muy fácil tomarse las cosas personalmente y caer en dinámicas de defensa, justificación, explicación, contraataque etc. perdiendo así la conexión con la experiencia del otro.

También es necesario empezar a cuestionar nuestros pensamientos para poder ver en que manera están afectando nuestra capacidad de mantenernos presentes y objetivos, interpretando lo que escuchamos o llegando a conclusiones poco acertadas sobre la experiencia de la otra persona.

Entender el propósito de las emociones nos permite llegar a la esencia de la experiencia de la otra persona, o sea, conectar con sus necesidades. Esta es la parte más fundamental en el proceso de sanación o incluso en la resolución de conflictos. Poder nombrar las necesidades subyacentes a las emociones implica un complejo proceso neurológico de integración, lo cual permite la transformación de las emociones mismas y el comienzo del proceso de sanación. En realidad esta es la esencia de la empatía sanadora: poder nombrar las necesidades subyacentes y darle visibilidad y validez, incluso cuando las estrategias vinculadas con ellas han sido costosas, dolorosas o simplemente desafortunadas.

Y finalmente creo que la capacidad de hacernos responsables de nuestras emociones, y también dejar que las otras personas se puedan responsabilizar por las suyas, nos permite empatizar sin intentar cambiar o “arreglar” la experiencia de la otra persona sino mantenernos presentes y solidarios, confiando en su propia capacidad de encontrar soluciones. Este paso quizás es diferente cuando estamos en un conflicto y es importante encontrar soluciones colaborativas. Aun así es importante que cada uno se mantenga responsable de sus propias emociones y necesidades, para poderlas representar en el proceso de negociación y llegar a soluciones que sean realmente inclusivas y respetuosas.

El proceso de sanación

No es posible dar una visión completa del procesos de sanación de traumas ya que es bastante complejo en sus bases psico y neurológicas. Aun así podemos mirar algunos aspectos que nos ayudan a entender como la empatía apoya nuestra salud emocional incluso en los aspectos más “triviales” de nuestra vida que no necesariamente definiríamos como traumáticos.

La experiencia de vivir emociones “negativas” es, por definición, una experiencia difícil y poco agradable. Muchas veces va acompañada por ansiedad, miedo, confusión, pensamientos repetitivos, una sensación de soledad y de falta de perspectiva. Cuando entramos en conexión empática con otros y somos capaces de nombrar las emociones y las necesidades detrás de ellas, esto normalmente aporta alivio, permitiendo a las emociones cumplir su misión y llevar a la luz, o sea a la consciencia, su mensaje. Muchas veces incluso este paso solo puede ser suficiente para que las personas se sientan mejor, más claras, más conectadas con si mismas y capaces de retomar las riendas de la situación con la sensación de haber llegado al “kit de la cuestión”. La conexión con otra persona también es un factor fundamental, ya que nos aporta la sensación de ser acompañados, valorados, vistos y reconocidos, esto no es poco para nuestro cerebro mamifero que es inherentemente social. A través de este proceso de acompañamiento empático, las experiencias que al principio tenían una carga negativa se pueden reintegrar en el sistema psico-físico aportando una sensación de completitud y sentido, haciéndonos más capaces de acceder a nuestros recursos para hacer frente a los retos y desafíos de la vida.

En situaciones de conflicto, cuando somos capaces de acompañarnos desde la empatía es mucho más fácil parar la escalada y reconducir la situación a una atmósfera de calma, comprensión y colaboración.”

Taller de Yoga en Familia

Yoga en familia: una manera sana y saludable de pasar un buen rato con tus peques.
Practicar Yoga en familia es una manera divertida de acercarse a la tradición milenaria del Yoga.

yogaenfamiliaNiños y niñas, padres y madres e incluso abuelos y abuelas tienen la oportunidad de compartir un tiempo juntos, fortaleciendo los lazos afectivos, y mejorando la salud y el bienestar de todos los participantes.

El yoga puede ser divertido como un juego para las niñas y los niños, dando una excelente opción para unir el juego con el desarrollo físico, mental y emocional. Su práctica les enseña a conocerse a sí mismos, a desarrollar consciencia sobre su cuerpo, mente y emociones, a encontrar el equilibrio entre ellas, y a relajarse. ¡Y todo ello jugando y divirtiéndose!

Las personas adultas también pueden disfrutar de esta práctica en un entorno lúdico y divertido, disfrutando de una actividad compartida con sus hijas e hijos. También tienen la oportunidad de conectar con su propio niñ@ interior, y de esta manera aflojar tensiones, seriedad, y dar cabida a la alegría y a la risa. ¡Y compartir todo ello con sus hijos e hijas!

Para más información e inscripciones visita nuestra web.

Jornada de Puertas Abiertas Octubre 2015

El próximo viernes 9 de octubre celebramos una nueva jornada de puertas abiertas en nuestro colegio.

Material MontessoriOs invitamos a acercaros a Andolina a todas aquellas familias, profesionales de la educación o escuelas activas en proceso de creación que estéis interesadas en conocer el colegio o que queráis saber más sobre la dinámica del mismo.

Para más información e inscripciones visita nuestra web.

Con la Cara en la Pared

Minientrada

Visita el articulo de Tatiana Sibilia: Con la cara en la pared: un mapa para navegar los conflictos.

http://despertandolaeducacion.com/2015/03/20/con-la-cara-a-la-pared-un-mapa-para-navegar-los-conflictos-parte-1/

El sábado 26 de septiembre Tatiana facilitará en el Colegio Andolina el Taller de Comunicación Integrada