Unas horas con Derry Hannam

IMG-20171006-WA000703Hoy he pasado más de 4 horas de charla, risas y paseo con Derry y su esposa Deborah. Mientras escribo estas líneas se me dibuja una sonrisa en la cara. Ese imposible recordar a Derry y no esbozar una sonrisa. De ternura, de admiración, de acordarte de alguna de sus bromas, una sonrisa como de agradecer a la Vida que existan personas como Derry.
Hace años que nos conocimos y cada año nos encontramos, al menos, una vez. En Ugena (última edición, a la que por desgracia él no pudo estar: https://faceugena.wordpress.com/2017/05/13/face-2017/). O en Gijón (http://jornadas.colegioandolina.org/contenidos). Hemos quedado que la próxima vez le visitaremos en su pueblo 😛

Cuando esta tarde nos hemos encontrado después de comer, Derry y Deborah venían de pasar la mañana en nuestra Andolina. Venían totalmente entusiasmados. Se les iluminaban los ojos hablando de nuestros niños y nuestras niñas. Varias veces repitieron: “en Andolina son felices, son libres”. No hay nada que más me emocione que estas palabras que vienen de una persona que ha visitado cientos de escuelas en el mundo, siempre buscando escuelas donde el centro y motor es cada niño y cada niña, y donde el objetivo es el despliegue del potencial que cada uno/a trae en su interior.

Hemos charlado sobre tantas cosas…

Quería saber qué significa Andolina. Hablamos de lo lejos que vuelan las golondrinas y de cómo, a pesar de alejarse miles de kilómetros de sus nidos, regresan al mismo nido al volver de sus migraciones. Y de que sus nidos los conservan con mimo durante muchos años. Como mimamos aquí nuestro cole.

Hemos paseado junto al mar, sorteado las olas que nos amenazaban con mojarnos al chocar contra el muro.

IMG-20171006-WA001604.jpgHemos paseado por Gijón. Hablamos de las banderas de España que cuelgan de algunas ventanas… de Cataluña, de la tristeza y la incomprensión de tantas cosas que están ocurriendo estos días, de la violencia, de las ideas, de la gente… de lo difícil que a veces son las cosas…

Derry ha comprado pasteles para él y para mi hija pequeña. Y los dos se han merendado los pasteles mientras Deborah y yo hablábamos de que llevaban demasiada azúcar. Derry y mi niña se miraban, sonreían y, una frente al otro, masticaban los bollitos.

Compartimos sobre lo difícil que es para las familias “militar” en coles como el nuestro. Cómo en ocasiones aparece el miedo, que es complicado no dudar algunas veces si hemos acertado al embarcarnos en proyectos tan diferentes al resto de escuelas…

Me ha contado de otras escuelas que ha visitado en Holanda, en Alemania… y cómo le ha recordado nuestra Andolina a esos lugares, donde los niños y las niñas son felices y libres. Otra vez lo ha dicho.

Me ha contado cómo este verano, mientras en Ugena nos reuníamos más de 500 personas en el FACE (https://faceugena.wordpress.com/2017/05/13/face-2017/), otras 500 personas (incluído él) se juntaban en París para compartir sobre educación alternativa. Ha dicho: ¡Es increíble, tanta gente “por lo mismo”! ¡Es fantástico!” Lo es. Y da alegría.

Le he preguntado cuál será su próximo viaje. Dice que Berlín le encanta. Y que lo visitará pronto.

Hablamos sobre educación. Sobre cómo crecen los/as niños/as. Sobre cómo son. Y que Derry y Deborah pusieron una granja donde criaban ovejas para alimentarse de su carne y entonces sus hijos se volvieron vegetarianos. Los niños cómo son…

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Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia (tercera parte).

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Hoy compartimos la tercera y última parte de su diario de viaje, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

DOMINGO, 5 de febrero de 2017

11:54 horas – Aeropuerto de Atenas

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El viaje toca a su fin. Y mi mochila vuelve más cargada. De experiencias, de emociones, de duras conversaciones… De gestos de desesperanza, rostros deprimidos, miradas tan profundas que albergan un dolor difícil de imaginar… De suspiros angustiosos, como los que dieron tres mujeres sin maridos después de preguntarnos si Europa se dignará a abrir de nuevo las fronteras. De lágrimas de impotencia, como las de un hombre de 36 años, camarero, desesperado por haber pagado un dineral a las mafias para que llevaran directamente a su familia a un país europeo que no fuera Grecia. Y aquí están, les engañaron, en un campamento próximo a Atenas… sin dinero, sin trabajo, sin nada que hacer salvo esperar y esperar, un día tras otro… ¿Pero esperar a qué? ¿A que reabran las fronteras? Es duro, muy duro decirles a estas personas que no creemos que las abran, o al menos como antes. ¿A volver a su país, cuando no tienen nada, ni casa, ni dinero, ni futuro allí…? ¿Volver para qué? ¿Volver cuando muchos de sus familiares murieron a manos de los talibanes, la guerra en Siria o el Estado Islámico? ¿Volver para estar de nuevo perseguido, discriminado, expulsado… como los kurdos y yazidíes?

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Sólo tienen otra única opción: conseguir más dinero, como sea, no se sabe muy bien cómo, para volver a pagar a las mafias y lograr que alguno de los chavales o alguna de las peques de la familia, el más despierto, la más desenvuelta, pero en cualquier caso menor de edad, atraviese las fronteras griegas de forma ilegal. De esa forma, si logra llegar a Alemania, por ejemplo, las autoridades están obligadas a buscar a su padre y a su madre, permitiendo la reunificación familiar en su territorio. Es una opción, sí, pero te juegas la vida de tu hijo, o que violen a tu hija en la dura travesía. Muchas familias es lo que están haciendo. En el campo de Illiniko nos encontramos a dos chicos. Uno tiene 17 años, pero ante las autoridades griegas ha dicho que tiene 18 para no ser trasladado a un centro de menores y recibir los 80/90 euros al mes asignados a los refugiados adultos. Salió de Afganistán con 11 años para buscar en Europa un futuro mejor. Y aquí está, varado, angustiado, preguntándose por qué un ser humano merece estar como él, compartiendo tienda con otros chicos de su edad en el interior de una vieja terminal aérea abandonada. Qué paradoja. Una terminal de aeropuerto. Un lugar desde el que poder llegar a donde quieres. Pero esta terminal está cerrada. No tiene aviones. Sólo viajeros sin billetes. Muchos, demasiados… Personas que como este chico, no pueden ir a ninguna parte y se consumen a diario porque no tienen nada que hacer. Por eso algunos chavales acaban merodeando de día por la plaza ateniense de Omonia, consumiendo drogas e incluso prostituyéndose.

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H3.pngEs surrealista. En este campo, en Illiniko, hay tres núcleos donde malviven las personas refugiadas. La terminal, un pabellón descubierto de béisbol en desuso y un viejo estadio de hockey. La imagen te descoloca. Porque, en efecto, todo lo que ves está descolocado, fuera de lugar… Impresiona ver desde lo alto de las gradas, con decenas de hileras de butacas azules vacías, semejante espectáculo. No, no es un evento deportivo, ni un concierto de música…que es lo que tu cerebro relaciona con el entorno. En el campo de juego se amontonan frágiles tiendas de campaña. En varios campamentos algunas de ellas se hundieron con la nieve tras la última ola de frío. Al observar las butacas solas, inertes, impasibles…, un pensamiento se me viene irremediablemente a la cabeza: la inacción e irresponsabilidad de los gobiernos europeos, que han cerrado los ojos para no ver semejante espectáculo dramático. Las cifras no engañan. El número total de refugiados no es mayor que las víctimas de un terremoto o un huracán. Es este un conflicto “menor”. Sí, cuesta emplear esta palabra ante la magnitud de la tragedias de estas familias, pero es así. Y Europa no es capaz si quiera de dar una solución acorde. España se comprometió en 2015 a acoger a unos 17.000 refugiados. De momento sólo ha recibido a poco más de 1000. ¿Dividimos 16.000 entre el número de ciudades españolas? No hace falta hacer el cálculo para saber que hablamos de cantidades perfectamente asumibles que todos y cada uno de los países europeos podrían absorber proporcionalmente sin problemas de ningún tipo. Falta voluntad, falta ética, faltan muchas cosas… ¿Esta es la Europa que queremos?

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Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia (segunda parte).

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Hoy compartimos la segunda de tres entregas de su diario de viaje, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

Día 2

Hoy el saludo de Andolina ha causado especial sensación a una familia de sirios kurdos con dos de sus miembros, Alan (30) y Gyan (28), en silla de ruedas por distrofia muscular.

Aquí podéis ver el vídeo de este momento:

http://barentareport.es/refugiados-alan-y-gyan

Han huido también del Estado Islámico. Recorrieron 2.500 kilómetros en sus sillas de ruedas, empujadas por su hermana y su madre. Al llegar a las montañas, Alan y Gyan tuvieron que viajar colgados de las alforjas de un caballo. Luego, se vieron obligados a pagar a las mafias para alcanzar la costa griega en una barcaza neumática.

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Han pasado el invierno en campos de refugiados. Nosotros les encontramos en un sórdido hotel de Atenas reconvertido en alojamiento improvisado para los que, al fin, están a punto de volar a su país de acogida. Tienen suerte. Ellos, a diferencia de miles de personas refugiadas, tienen ya a familiares en Alemania (su padre y otra hermana) y por eso han podido salvar el cerco europeo.

Se han emocionado mucho mucho al ver a nuestr@s peques diciéndoles “I welcome”.  En el vídeo se observa su reacción.

Mientras leen los mensajes de apoyo, Alan y Gyan nos cuentan que hoy no podían ni salir de la habitación con sus sillas de ruedas porque no funcionaban los ascensores. Es una piedra más en su odisea particular. Y aún les quedan en torno a 40 días de espera. Llevan ya más de un año desde que consiguieron alcanzar la costa griega.

Ha sido emocionante y muy bonito grabarles y entrevistarles.d

Antes, por la mañana, estuvimos en la embajada española. Reconocieron que nuestro país sólo ha acogido a 1.023 refugiados de los 17.000 a los que se comprometió en 2015. Sin comentarios.

NOTA: el pasado 7 de marzo, unos días después de la visita de Amnistía Internacional, al fin, Alan y Gyan llegaban a Alemania. Este es el momento del ansiado reencuentro familiar difundido por la CNN:

http://edition.cnn.com/videos/world/2017/03/14/iaw-amanpour-refugees.cnn/video/playlists/amanpour/

Diario de un papá en los campamentos de refugiados en Grecia

Javier Herrera, uno de nuestros papás, acaba de participar como reportero en una misión de Amnistía Internacional para llevar mensajes de apoyo a los campamentos de refugiados en Grecia. La campaña recibe el nombre de ”Yo acojo – I welcome”. Nuestro cole Andolina ha colaborado grabando su propio mensaje, incluido en un vídeo que la delegación de Amnistía mostró “in situ” a varias personas refugiadas. Las imágenes, de lo más emotivas, nos han impactado. Ahora compartimos su diario de viaje, en tres entregas, para que todos y todas podáis conocer más de cerca su vivencia.

Día 1

Por la mañana visitamos a un grupo de mujeres refugiadas que pertenecen a la minoría yazidí, que está siendo aniquilada y expulsada del norte de Iraq por el Estado Islámico.

Todas tienen un mínimo de 5 hijos o hijas. Una acaba de recibir, por fin, la noticia de la confirmación de su acogida en Alemania. Pero las otras aún permanecen atrapadas entre la burocracia griega y la inacción europea. La mayor tiene 92 años. Imaginarla jugándose la vida en una barcucha entre la costa turca y la griega, pone los pelos de punta. Pero todas ellas sobrevivieron y pasaron meses en un campo de refugiados de tiendas de campaña donde las condiciones de vida han sido penosas. Ahora están en el hostal de la foto que adjunto, hacinadas junto a su innumerable prole en tres habitaciones.

Uno de los hombres que vio junto a ellas el vídeo de apoyo de Amnistía Internacional, en el que se incluye el saludo del colegio Andolina, me cuenta cómo su familia salvó la vida de milagro. Huyeron in extremis de su casa tras percatarse de un ataque del Estado Islámico. Tiene 23 años pero parece de mi edad (41). Se refugiaron en las montañas y él quiso volver pasados unos días. No llegó a su pueblo. En el camino vio cientos de cadáveres, mutilados, decapitados… Me enseñó fotos de todo ello en su móvil. Quiso enterrarlos. Hizo lo que pudo con unos cuantos cuerpos y volvió con su familia. Llegaron a Turquía y desde allí, pagando a las mafias todo el dinero que tenían, se jugaron la vida subiendo a una barca que les llevó a Grecia. Sólo quieren vivir en paz, donde sea. Pero las fronteras europeas permanecen cerradas.

Después de ver el vídeo y mostrarles los más de 7.000 mensajes de apoyo que les llevamos, se emocionaron y nos agradecieron enormemente el esfuerzo. No tienen nada, pero nos invitaron a té, pasas y galletas.

Este es el vídeo que elaboré para Amnistía Internacional del momento en que les entregamos los mensajes.

http://barentareport.es/refugiadas-mujeres-yazidies

Luego, otra familia de esta comunidad nos invitó a comer en su habitación. Éramos doce sentados entre una cama, taburetes y el suelo. Cocinaron para nosotros un guiso típico de Oriente Medio que estaba riquísimo. Os cuento todo esto para compartirlo con todas las familias gijonesas y para que las integrantes de Andolina recibáis el feedback de nuestra participación a través del saludo que grabamos.

Ya por la tarde, visitamos dos campamentos de personas refugiadas. Ha sido el invierno más duro en Grecia en 50 años. Están sustituyendo las tiendas por containers, pero aún así viven en condiciones lamentables.

Sin embargo, dicen, eso no es lo peor. Lo que menos soportan son dos cosas: por un lado, estar varados aquí, la incertidumbre, no poder hacer nada, no saber cuándo les van a llamar para decirles que este o aquel país les acoge; por otro, que sus peques “no estén yendo al cole”.

Por la noche, trato de procesar la jornada. Lo cierto es que sobrecoge salir de tu burbuja particular y enfrentarte cara a cara con los dramas de tantas personas. Una cosa es escuchar estas historias por la tele y otra muy diferente que sean las mismas personas refugiadas las que te lo están contando mirándote a la cara. Hay que ser fuerte. Lo que menos necesitan es que tú también te derrumbes. Debo escucharles, sobre todo escucharles, y después, una sonrisa, un abrazo… Que sepan que aunque no puedas hacer mucho por ayudarles, les entiendes y empatizas con su desesperanza. Tienen que saber que les apoyas. Y que aunque los gobiernos les ignoren, una gran parte de la ciudadanía de a pie les lanza un mismo mensaje: “no estáis solos”.

Tesalónica. Norte de Grecia. Concertinas en el puerto para impedir la entrada a la ciudad.

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Tesalónica. Norte de Grecia. Pintadas críticas con la actitud de Europa.

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El aislamiento del niño, por María Montessori

Es un hecho reconocido por diversos expertos y expertas en Pedagogía y Educación que María Montessori se adelantó a su tiempo y demostró una sensibilidad especial para observar los procesos de aprendizaje de niños y niñas, su naturaleza e inquietudes, creando un método que se adaptaba a esa visión que ella tenía del mundo infantil.

Uno de los aspectos que ella contemplaba y admiraba, es lo que en su libro Ideas generales sobre el método denomina “aislamiento”, y que se puede interpretar como un estado de conexión profunda con nuestra esencia, a partir del cual somos capaces de utilizar una gran dosis de creatividad.

En la actualidad, conceptos como la atención plenamindfulness, consciencia, se asemejan, en algunas de sus definiciones, a este hecho que ella relata. Hemos seleccionado algunos párrafos del libro para que podáis disfrutarlos.

Los hombres de ciencia encuentran aquí el fenómeno de una concentración interior que le aísla, que hace al niño olvidarse de cuanto le rodea; algunas veces hasta de comer (…)

Montessori - AislamientoLa anécdota muy conocida de Arquímedes, que no se entera del tumulto, que no se da cuenta de la rendición de Siracusa y se deja sorprender por el enemigo mientras estudia sus triángulos, es un aspecto de recogimiento del alma en sí misma. Y, sin embargo, es de este recogimiento y no de la erudición de los hombres de estudio, de donde salen los descubrimientos sensacionales que impulsan hacia el progreso a la sociedad entera

Nadie puede influenciar a nadie para facilitarle esta soledad aparente que, sin embargo, es rica y llena de vida en el mundo invisible íntimo de cada uno de nosotros. El aislamiento, la concentración interior, la separación de las cosas exteriores, sólo el alma misma puede provocarla, el ambiente puede sólo facilitarla de modo indirecto con la calma y con el silencio y el orden (…)

Son generalmente estas mismas personas las que pueden realizar las acciones sociales más extraordinarias, los que se avienen a soportar con paciencia las pequeñeces e imperfecciones de los hombres y los que soportan hasta sus persecuciones (…)

La vida interior de aislamiento prepara las fuerzas necesarias para la vida exterior (…)

Montessori - Aislamiento

Y ante mi veía una nenita de 4 años que con la expresión de la atención más intensa colocaba cilindros de madera de diferentes gruesos en un sostén (…). Los colocaba correctamente y, después de haberlos colocado todos, deshacía lo hecho para colocarlos de nuevo otra vez. Y así continuaba sin cansarse. Conté las veces que repitió el ejercicio; eran ya más de 40 seguidas, me puse al piano e hice cantar a los demás niños, pero la pequeña continuó su trabajo sin moverse y sin levantar los ojos, como si ella fuera extraña al ambiente que la rodeaba. Terminó en cierto momento, levantó sus ojos serenos, como sintiéndose tranquila y aliviada, y sonrió como cuando un niño despierta de un hermoso sueño (…)

Los niños que han llegado a realizar estos trabajos de concentración parecen siempre más reposados y  llenos de fuerza moral (…). Parecen más afectuosos con todo el mundo, más presurosos por servir de algo y deseosos de ser buenos. Así dicen alguna vez con voz queda, como si se tratara de confiar algún secreto: “Señorita, soy buena”.

El Bote de Calma. ¿Cómo hacerlo?

El bote de la calma fue una de las ideas de María MontessoriLo llamó “el frasco de la calma” y sirve para calmar las rabietas de los más pequeños.

Es un bote lleno de agua, gomina para el pelo  y purpurina. Cuando tu hijo o hija sienta pena, llore desconsoladamente, sienta estrés, rabia o esté enfadado puede agitar el bote y observando los brillos de la purpurina y las formas que se producen dentro del frasco,  poco a poco, comenzará a calmarse. Su atención estará puesta en el bote y puedes ayudarle enseñándole a respirar profundamente mientras lo observa, hablando con él o ella de una forma calmada y relajada.

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El bote lo puede elaborar tu hija o hijo con una pequeña ayuda tuya, así que manos a  la obra. Nosotros lo hemos realizado en un taller en el colegio y a los peques les ha encantado, no solo elaborarlo sino también utilizarlo. Pasan un rato divertido experimentando y luego disfrutando con el resultado.

Ingredientes:

  • un bote de cristal o de plástico,
  • agua templada,
  • gomina para el pelo,
  • purpurina, del color que más nos guste,
  • también podemos utilizar estrellitas (de las que se utilizan para manualidades) o incluso un pequeño juguete de plástico.

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Elaboración:

  1. Cogeremos el bote de cristal o de plástico (podemos reciclar una botella pequeña de agua o un bote de conservas de vidrio) y lo llenaremos de agua templada. Tiene que ser templada para que la gomina se disuelva con menor dificultad. Dejaremos un dedo de aire, sin echar agua, para que luego pueda producirse el movimiento. El agua la puede echar el niño o la niña, con ayuda de un embudo si es necesario.
  2. El siguiente ingrediente será la gomina para el pelo, echaremos dos o tres cucharadas en el bote con agua. Lo tapamos y lo agitamos bien para que se disuelva lo más posible. Deja que tu peque lo haga, le encantará.
  3. Una vez mezclado, echaremos el siguiente ingrediente, 3 o 4 cucharadas de purpurina del color que más os guste, incluso podéis mezclar varios colores. Volveremos a cerrar bien el bote y agitamos para que la purpurina se pegue a la gomina.
  4. Por último echaremos las estrellitas o el pequeño objeto o juguete de plástico que hayamos escogido. Esto servirá como un elemento más en el que el peque se podrá fijar cuando lo esté observando para calmarse, ya que flotará entre la purpurina.
  5. Como opción, si no quieres que tu hijo o hija abran el bote, puedes cerrarlo pegando la tapa con silicona caliente. Pero esto es opcional y lo haría un adulto.

Y ahora te toca a tí, anímate a hacerlo con tus peques, ¡¡ les va a encantar!!

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Transformar las emociones

El sábado día 23 tendremos el tercer taller del curso de Comunicación Integrada impartido por Tatiana Sibila (despertandolaeducacion.com). En esta ocasión con el título “Transformar las emociones“. Compartimos con todos vosotros este texto de Tatiana a modo de aperitivo:

Escuchar el mensaje enriquecedor de las emociones para transformarlas en una fuerza de cambio en nuestras decisiones y relaciones.

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Las emociones, siendo la expresión de algo muy íntimo y vulnerable, necesitan, antes de todo, un espacio seguro para poder existir y ser reconocidas tal cual son. Generalmente me refiero a este espacio como “empatía”. La empatía literalmente genera un espacio interior donde la emoción puede manifestarse y expresar su esencia sin “pero”. La empatía no dice: “Ya sé que estás enfadada, pero…”

Además, las emociones son portadoras de mensajes muy importantes desde nuestro propio organismo, nos alertan a prestar atención a nuestras necesidades, a todos aquellos valores y procesos que son absolutamente necesarios para la Vida, como por ejemplo: la aceptación, la pertenencia, la libertad, la autodeterminación, el aprendizaje, etc.

Las emociones “negativas” nos indican que algunas de nuestras necesidades no están siendo satisfechas, en cambio las emociones “positivas” nos indican que si lo están.

Para ayudar a transformar las emociones desagradables, el camino que me parece más eficaz es, primero de todo, “escuchar” la emoción, tal cual se manifiesta en el cuerpo y a través de su lenguaje simbólico. La práctica del Focusing nos ofrece herramientas muy valiosas en esta dirección. En segundo lugar intentaremos conectar con las necesidades a las cuales la emoción está vinculada y a partir de allí empezaremos a despertar nuestra creatividad para satisfacerlas. Una vez que somos conscientes de nuestras necesidades y nos implicamos en un proceso de búsqueda de estrategias para satisfacerlas, la emoción ya se puede relajar: ¡su mensaje ha sido escuchado!

Entonces, la educación emocional no es nada más que el compromiso a un camino de aprendizaje para ser más y más capaces de aceptar nuestras emociones sin juzgarlas, cambiarlas, esconderlas, negarlas… y también de saber dirigir nuestra atención hacia las necesidades, para saberlas reconocer y atender.

Este proceso se sostiene principalmente en la capacidad de ser conscientes, de saber poner un espacio entre nosotros/as y nuestras emociones, nuestros pensamientos o acciones. Necesitamos desarrollar lo que defino como la figura del “testigo interno” para poder ver que las emociones y los pensamientos son una parte de nosotros/as, pero no la totalidad: no somos nuestras emociones o pensamientos!

Por esta razón la educación emocional es un proceso que nos implica de una manera muy personal e íntima, nos invita a autoconstruirnos como seres humanos conscientes y abiertos/as, creativos/as y empáticos/as.

Podemos compartir herramientas que nos ayudan a entender, conectar y transformar las emociones, desde el respeto y la autodeterminación. Esto también presupone, por nuestra parte, ser conscientes de las distintas fases de desarrollo de las personas y las capacidades y competencias que cada fase implica, o no, para enfocar nuestro acompañamiento en coherencia con ellas.

Más información e inscripciones al taller en http://www.colegioandolina.org/comunicacion-integrada/transformar-las-emociones.