El aislamiento del niño, por María Montessori

Es un hecho reconocido por diversos expertos y expertas en Pedagogía y Educación que María Montessori se adelantó a su tiempo y demostró una sensibilidad especial para observar los procesos de aprendizaje de niños y niñas, su naturaleza e inquietudes, creando un método que se adaptaba a esa visión que ella tenía del mundo infantil.

Uno de los aspectos que ella contemplaba y admiraba, es lo que en su libro Ideas generales sobre el método denomina “aislamiento”, y que se puede interpretar como un estado de conexión profunda con nuestra esencia, a partir del cual somos capaces de utilizar una gran dosis de creatividad.

En la actualidad, conceptos como la atención plenamindfulness, consciencia, se asemejan, en algunas de sus definiciones, a este hecho que ella relata. Hemos seleccionado algunos párrafos del libro para que podáis disfrutarlos.

Los hombres de ciencia encuentran aquí el fenómeno de una concentración interior que le aísla, que hace al niño olvidarse de cuanto le rodea; algunas veces hasta de comer (…)

Montessori - AislamientoLa anécdota muy conocida de Arquímedes, que no se entera del tumulto, que no se da cuenta de la rendición de Siracusa y se deja sorprender por el enemigo mientras estudia sus triángulos, es un aspecto de recogimiento del alma en sí misma. Y, sin embargo, es de este recogimiento y no de la erudición de los hombres de estudio, de donde salen los descubrimientos sensacionales que impulsan hacia el progreso a la sociedad entera

Nadie puede influenciar a nadie para facilitarle esta soledad aparente que, sin embargo, es rica y llena de vida en el mundo invisible íntimo de cada uno de nosotros. El aislamiento, la concentración interior, la separación de las cosas exteriores, sólo el alma misma puede provocarla, el ambiente puede sólo facilitarla de modo indirecto con la calma y con el silencio y el orden (…)

Son generalmente estas mismas personas las que pueden realizar las acciones sociales más extraordinarias, los que se avienen a soportar con paciencia las pequeñeces e imperfecciones de los hombres y los que soportan hasta sus persecuciones (…)

La vida interior de aislamiento prepara las fuerzas necesarias para la vida exterior (…)

Montessori - Aislamiento

Y ante mi veía una nenita de 4 años que con la expresión de la atención más intensa colocaba cilindros de madera de diferentes gruesos en un sostén (…). Los colocaba correctamente y, después de haberlos colocado todos, deshacía lo hecho para colocarlos de nuevo otra vez. Y así continuaba sin cansarse. Conté las veces que repitió el ejercicio; eran ya más de 40 seguidas, me puse al piano e hice cantar a los demás niños, pero la pequeña continuó su trabajo sin moverse y sin levantar los ojos, como si ella fuera extraña al ambiente que la rodeaba. Terminó en cierto momento, levantó sus ojos serenos, como sintiéndose tranquila y aliviada, y sonrió como cuando un niño despierta de un hermoso sueño (…)

Los niños que han llegado a realizar estos trabajos de concentración parecen siempre más reposados y  llenos de fuerza moral (…). Parecen más afectuosos con todo el mundo, más presurosos por servir de algo y deseosos de ser buenos. Así dicen alguna vez con voz queda, como si se tratara de confiar algún secreto: “Señorita, soy buena”.

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Cambiar la educación para cambiar el mundo (y VII): algo está cambiando.

Es una alegría vivir en una sociedad formada e informada, crítica y colaborativa, empática, respetuosa y comprometida, que se implica, por tanto, en los procesos de toma de decisiones que afectan a la vida de todos. Es decir, una sociedad con una amplia cultura democrática.

Pero aquí, en España, no solo no vivimos en esa sociedad utópica, sino que estamos aún bastante lejos. ¿Por qué?. No es porque no nos eduquen para ello; no lo hacen, de hecho: a estas cualidades no se llega por la instrucción, sino por la experiencia, además de otros factores. Y el contexto en que vivimos está lejos de facilitar esa experiencia: 

    • un país en el que se sabotea la biológica necesidad de vinculación al separar prematuramente a las crías humanas de sus familias -los primeros desgarros en el tejido social- 
    • para institucionalizarlas en un sistema de enseñanza obsoleto y alienante que hace prevalecer a la autorrealización los procesos de adiestramiento por los que los alumnos se convierten en mercancia laboral “low cost” 
    • para acabar, efectivamente, luchando por la supervivencia en un mercado laboral deliberadamente hostil y degradado. 

Ese es el plan de control social que hace que, en vez de progresar a la par que el conocimiento, estemos retrocediendo en calidad de vida a pesar de que vivimos en mundo con recursos suficientes. Un contexto en el que se dificulta el desarrollo de la empatía y la cooperación y, consecuentemente, produce un efecto de retroalimentación que puede abocar al sistema al colapso.

Este deterioro moral -entendida la moral como Bien Común-, acelerado por la crisis, está llevando cada vez más gente a buscar explicaciones veraces y comprensibles que den una réplica ética al inverosímil discurso oficial de los ciclos macroeconómicos y demás falacias. El oscuro horizonte que se vislumbra, no ya para nuestros hijos, sino para nosotros, que estamos sometidos a la continua presión de un futuro incierto, nos obliga, moralmente, a buscar la forma de cambiar este orden de cosas. Y la clave no está en medidas políticas que intenten parchear una balsa que se hunde; eso la seguiría manteniendo precariamente a flote. La clave está en la educación. Una educación emancipadora y respetuosa con el individuo, la comunidad y el entorno que los sustenta. Cambiar la educación para cambiar el mundo.

León anatomía

Sin embargo, parece que algo está cambiando. Hace un mes y medio que celebramos en Gijón las III Jornadas Andolina: un espacio de intercambio de experiencias e inquietudes de familias y educadores de todo el país. Unos días emotivos e inspiradores que nos hacen renovar la ilusión por una educación diferente a la convencional; actualizada por los conocimientos que nos proporciona la ciencia, que no hace sino avalar lo que nos sugiere el instinto: acompañar a los niños en la búsqueda de conocimiento relevante, respetando sus inquietudes, emociones y ritmos. Todo ello en un espacio de convivencia y aprendizaje que permita a la infancia desarrollar la curiosidad, la creatividad, el compromiso, los vínculos, el espíritu crítico y colaborativo, todo aquello que forma parte de nuestra naturaleza social y que se va quedando por el camino, lleno de obstáculos arbitrarios, de una enseñanza formal anacrónica.

Por otra parte, desde que comenzó este ciclo regresivo han surgido ciertas señales en la esfera pública que nos permiten albergar cierta esperanza en la recuperación del Sentido Común que se empezó a perder a partir del Renacimiento, cuando la felicidad pasó de relacionarse con la virtud y los vínculos -la comunidad-, a hacerlo con la posesión de bienes materiales. Tal vez hemos tocado fondo y estemos dispuestos ya a rechazar los abusos que se nos infligen con pretexto de una crisis fraudulenta y empecemos, una vez más, a construir nuestro destino colectivamente. Será difícil superar este reto si no cambia el paradigma educativo. Podríamos empezar por redefinir el debate de los modelos educativos. Tal vez en la próxima reflexión, con los calores veraniegos. Hasta entonces…

 León Esperanza

Cambiar la educación para cambiar el mundo (VI).

Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”.

Paulo Freire, educador (1921-1997).

Estamos casi todos de acuerdo en que el mundo no va bien; “¡Qué asco de mundo!”, dice mi madre: miseria, hambre, violencia, guerras, corrupción. Especialmente desconcertante, e incluso doloroso, es para las personas mayores, que confiaban en que el paso del tiempo, especialmente durante el siglo XX con sus fabulosos avances en democracia (en nuestro caso), tecnología, medicina, etc. redujese las desigualdades y la injusticia en una suerte de globalización moral. Pero no ha sido así: podemos vivir más tiempo y producir mucho más pero, paradójicamente, la miseria permanece. ¿Hay una atrofia moral inmanente a la Humanidad?: por qué, habiendo recursos de sobra para una vida digna para todos, se perpetúa esta desigualdad lacerante.

Hay diferentes hipótesis para explicar este estado de cosas, este statu quo del que hablamos al principio de estas páginas. Lo cierto es que hay bastantes cosas que se podrían hacer, de forma salomónica en el estado de urgencia en el que nos encontramos, pero de forma meditada y consensuada a medio y largo plazo; pero no se hace nada porque a quien tiene el poder no le interesa y a los que les interesa no tienen poder.

Por qué, si estamos en una democracia y la mayoría está de acuerdo en acabar con determinados abusos y en reducir la desigualdad, ¿no lo hacemos?. ¿Qué nos detiene?…

Qué nos queda, ¿resignarnos?, ¿pasar esta nuestra vida de “afortunados” occidentales lo menos mal posible?. ¿Entregarnos a un egoísmo liberador y dejar de procrear?: “uno no puede traer hijos a un mundo como este”. Si la mayoría siguiera estas palabras de Virginia Woolf acabaríamos extinguiéndonos lo que, visto desde una perspectiva ecológica, sería una bendición para el planeta. Pero no vamos desencaminados: la natalidad sigue descendiendo, y bruscamente en estos tiempos de crisis.

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Qué más…

Nos queda la educación de nuestros hijos; no son pocos los expertos que coinciden en que la educación es (casi) la única solución. “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”, nos dice Paulo Freire. Afortunadamente cada día sabemos un poco más; por ejemplo, y desde diferentes ángulos (biología, antropología, psicología, sociología, etc), vamos sabiendo cómo la forma en que criamos y educamos a nuestros hijos va configurando su percepción de sí mismos y del mundo y, consecuentemente, la forma de actuar en él. Así, algo debemos estar haciendo mal cuando muchos no perciben, ni  siquiera mediante el sufrimiento ajeno (empatía), que el mundo privilegia a unos pocos y maltrata a una inmensa mayoría incluida la Biosfera que nos sustenta, y cuando los que lo perciben, muchos también, creen que apenas pueden hacer nada por cambiar esta situación a pesar de ser “libres” y poder decidir, con un voto cada cierto tiempo, qué sociedad quieren. Algo no cuadra.

Entonces, ¿qué tipo de educación necesitamos?, ¿la que está diseñada desde arriba?. Qué nos dice Bertrand Russell al respecto: “Casi toda educación tiene móvil político: se propone fortalecer a algún grupo nacional, religioso o social en la competencia con otros grupos. Es este móvil el que principalmente determina qué materias se enseñan, qué conocimiento se ofrece y qué conocimiento se oculta, y que determina además qué hábitos mentales se espera que los pupilos cultiven. Prácticamente nada se hace en función del desarrollo interior de la mente y del espíritu; en efecto, quienes han recibido más educación han sufrido a menudo una atrofia mental y espiritual”. Conviene recordar, en este punto, que Russell no ingresó en una institución educativa hasta los 18 años y que fue instruido en casa por diversos tutores, entre ellos su hermano mayor.

[Continuará…]

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El texto precedente es otro extracto del Dossier “Colegio Andolina: otra escuela es posible”. Textos con los que exponemos nuestras inquietudes y anticipamos algunos de los temas que se tratarán en las III Jornadas Andolina: “Otra forma de mirar la educación” que se celebrarán en Gijón los próximos días 9, 10 y 11 de mayo. Se ha ampliado el plazo de inscripción: ¿te subes a este “tobogán”?.

Sin Prejuicios

Cuando tratamos de imaginar cómo transcurre un día cualquiera en Andolina es posible que pensemos en niños/as concentrados/as dibujando en un rincón del aula, mientras otros/as echan una partida de ajedrez o buscan, hojeando en el atlas, la ruta del Proyecto África. Seguimos imaginando y un adulto anuncia, casi en susurros, que va a comenzar el taller de electrónica y los asistentes se preparan recogiendo antes el material que estaban utilizando.

¿Mola? Seguro que en nuestras cabecitas adaptadas a ese pequeño carril por el que hemos transitado en nuestros años escolares, esa imagen mola y mola mucho: tranquilidad, conocimiento, respeto inamovible por las normas…

12-21-25Pues bien, cualquiera que haya pasado una mañana en Andolina sabe que esto no se ajusta fielmente a la realidad. Vamos, puede que si imagina la situación opuesta estaría más cerca de lo que pasa realmente. Y ¿qué es lo que pasa? Nada más y nada menos que la vida, así con todo su volumen.

Si Andolina acoge en estos momentos más de sesenta personalidades diferentes, totalmente libres de ser como son, dispuestas a mostrar su mal humor, su cansancio, su alegría, su llanto, su cariño, sus intereses… pues poco o nada tiene que ver con la imagen del principio. Pero además son más de sesenta personalidades que no pululan solas sino que se interrelacionan con el resto en un compartir intenso y constante (espacio, material, emociones). El malestar o el entusiasmo se contagian en un abrir y cerrar de ojos porque todos se conocen… y no solo por el nombre. Una niña de cuatro años te puede contar el día no por las cosas que ha hecho sino por las emociones que ha compartido. 13-25-05

¿Surgen conflictos? ¡A diario! Y se saltan normas y hay llantos sin motivo y ante un taller preparado con el corazón aparece la indiferencia. Y surgen cabreos monumentales por no poder utilizar un material y hay discusiones con gritos entre amigos amiguísimos y tristezas con puchero “porque hoy no quieren jugar conmigo”.

Y así…, metidos en ese centrifugado de sensaciones, van los profes suavizándolo todo. La fórmula exacta la desconozco, pero cuentan que utilizan límites muy claros para el incumplimiento de normas, con consecuencias también claras y estrechamente relacionadas con la norma en cuestión; que activan el modo “escucha activa” desde que se quitan los zapatos a primera hora; que dan tranquilidad cuando hay agite y compañía cuando alguien se siente solo y afecto a cada minuto y que practican la empatía y también la paciencia y que observan y que aprenden y que se emocionan siempre y que fracasan a veces pero que no desisten nunca.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACuentan también que la escuela es una entidad viva que va mostrando qué le gusta y qué no y que los/as niños/as la van conociendo poco a poco. Por eso a muchos no hace falta recordarles que hay que cuidar los espacios o el material porque eso ya lo han interiorizado como una característica de su cole y deja de ser incluso una norma para convertirse en una manera práctica de funcionar. “Tenemos tanto que hacer que no vamos ahora a discutir por no guardar los rotus en su caja” –deben pensar.

Y se va construyendo Andolina y, la verdad, no nos cansamos de mirarla.

Si tienes curiosidad por saber cómo es la vida en estado puro quítate los prejuicios y asómate.

Cambiar la educación para cambiar el mundo (V): algunas claves [relevantes]… (II)

…contenidas en este otro extracto del documento que presentamos al I Premio a la Educación Claudio Naranjo:

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[…] ¿cómo es posible que en el s.XXI, con los conocimientos adquiridos sobre aprendizaje y psicología del desarrollo, y después de sucesivas reformas educativas, siga habiendo en España una escandalosa tasa de fracaso escolar?. Otro día hablaremos, más detalladamente, de motivación y enseñanza.

Y ¿por qué, pudiendo mejorar notablemente la enseñanza, no se hace?. ¿Por qué la escuela no ha evolucionado a la par que los conocimientos sobre aprendizaje?, ¿por qué ha cambiado tan poco desde que se concibió? y ¿por qué se concibió así?…

Algunas de las respuestas a las preguntas formuladas en el último párrafo nos las da el profesor Naranjo […]: posiblemente, una de las principales razones para no cambiar la educación es que quienes detentan la autoridad real no quieren cambiar el mundo. Es decir, lo que se pretende con un modelo educativo obsoleto y disfuncional es preservar el statu quo.

Observamos, ya desde su concepción, una deriva del sistema educativo tendente a concentrar su foco de acción en las competencias intelectuales y a alejarse, por tanto, de la visión integral de la educación. Esta situación de zozobra educativa ha propiciado, no obstante, el lanzamiento de algunos salvavidas, por parte de educadores sensibles y comprometidos, a los que necesitamos agarrarnos. Como muestra cabe destacar a Johann Heinrich Pestalozzi, Maria Montessori, la Cooperativa de Enseñanza Laica de Célestin Freinet, movimientos de renovación pedagógica como la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos y la Escuela del Bosque de Rosa Sensat, la Escuela de Summerhill de Alexander Neill, el “Pesta” y “El león dormido” de Rebeca y Mauricio Wild, el Programa  SAT de Claudio Naranjo, entre otros.

Quizá uno de los mayores peligros de priorizar la faceta intelectual frente a las demás, de cara a proveer a los niños de recursos para una competencia feroz en un mercado de trabajo precario y degradante -en tanto que la esclavitud implícita se está haciendo explícita al exigirnos la renuncia a carísimos derechos logrados en las últimas décadas- sea retroalimentar un proceso que está deteriorando a una sociedad ya depredadora y fratricida.

Una de las múltiples manifestaciones de esta tendencia economicista11 es la obsesión por acelerar el aprendizaje de conceptos y habilidades que son del todo irrelevantes para los niños pequeños. Si a ello añadimos la presión de las pruebas de aptitud (exámenes) y la aberrante prolongación de su “jornada laboral” (deberes), empezaremos a entender por qué demasiados niños se ven abocados a un estado de frustración y desmotivación de mal pronóstico: fracaso escolar.

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Encontramos aquí un posible paralelismo con los isomorfismos, expuestos por el profesor Naranjo12, entre la evolución del organismo colectivo (la evolución filogenética de la sociedad entendida como un organismo) y la del organismo individual (desarrollo ontogenético). Así, si tenemos en cuenta que el manejo cotidiano de símbolos, como números y letras, es un episodio muy reciente en el desarrollo evolutivo de las sociedades humanas, y que hasta entonces hemos aprendido a sobrevivir como colectivos interdependientes, en un medio natural apenas transformado, a través de las relaciones con todos los miembros de nuestra comunidad, mediante el juego, la imitación, los relatos y la experimentación, no parece inverosímil que el abismo que se abre entre este contexto ancestral de aprendizaje y el actual, tan rígido, tan “acelerado”, tan abstracto, tan desnaturalizado y tan desplaciente en definitiva, sea un factor significativo de lo que se da en llamar fracaso escolar o, dicho de otro modo, el sabotaje de la innata motivación por aprender con que llegamos al mundo.

De hecho, según coinciden en afirmar diferentes estudios, “es probable que la inclinación a relacionarse y organizarse en grupos influyera en mayor medida en la evolución de los humanos que la inteligencia abstracta13. Los mecanismos cognitivos que determinan la forma en que aprendemos no han sido ajenos a la selección natural: “el ser humano nace con predisposiciones cognitivas que le ayudan a entender a los rasgos del entorno, claves para la supervivencia, buscando información relevante de tipo social, biológico y físico” por oposición a la de tipo simbólico tan preponderante en la actualidad.  A la hora de analizar la información del entorno contamos con dos sistemas: uno automático, que se ocupa de los rasgos universales del mundo social y ecológico, y otro de procesamiento consciente que se encargaría de la resolución de problemas complejos o abstractos. “La comprensión de ambos mecanismos de aprendizaje permite una visión más profunda sobre la manera de pensar de los niños. En este sentido, un enfoque evolutivo de la enseñanza puede ayudar a los educadores a solventar la brecha entre la predisposición cognitiva innata de los alumnos y los objetivos de la escuela”14. O, más bien, adaptar los objetivos de la escuela a esta disposición, de manera que la transición de la forma de procesamiento automática a la consciente se haga de manera gradual y, sobre todo, atendiendo al ritmo de maduración de los niños, que no viene dado por el año de nacimiento. Los niños, en interacción con el grupo, heterogéneo, van evolucionando en sus intereses, y tampoco van a ser los mismos en todos ellos.

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Hablaremos de esto y de otros asuntos relevantes en las III Jornadas Andolina que se celebrarán los días 9, 10 y 11 de mayo en Gijón. Ya está abierto el plazo de inscripción, ¿te apuntas?.

 Referencias:

  1. 11. LOMCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
  2. 12. “Cambiar la educación para cambiar el mundo”, C. Naranjo (2002).
  3. 13. Evolución humana: “De primitivos a humanos”, T. Grüter en Mente y Cerebro, nº60, págs. 14-21 (2013).
  4. 14. Evolución humana: “El cerebro primitivo en las aulas modernas”, D.C. Geary en Mente y Cerebro, nº60, págs. 28-33 (2013).

Cambiar la educación para cambiar el mundo (IV): algunas claves (I).

Seguimos con esta serie de artículos cuyo título sirve de tributo a una obra de referencia del psiquiatra chileno Claudio Naranjo. Y lo hacemos con otro extracto del documento que presentamos, precisamente, al I Premio a la Educación Claudio Naranjo, donde obtuvimos una Mención Honorífica: Colegio Andolina, “Otra escuela es posible”.

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“Buscar la verdad implica cuestionar el condicionamiento sociocultural recibido para recuperar el contacto con nuestra verdadera naturaleza. No es ningún síntoma de inteligencia adaptarse a una sociedad como la actual, profundamente enferma.”                               Claudio Naranjo; psiquiatra.

Y, ¿cómo conseguir que nuestros hijos crezcan felices y se liberen de la “esclavitud” en un mundo enfermo?…

El profesor Naranjo nos da algunas claves al respecto: “[…] llevamos muchas décadas condicionando a los seres humanos con falsas creencias sobre quiénes son y cuál es su relación con el mundo. Debido a la ignorancia ha prevalecido el ego, desde el que se ha construido una sociedad competitiva, agresiva, avariciosa, superficial, insatisfecha, vacía y ambiciosa, que a su vez sigue condicionando a las nuevas generaciones para preservar el establishment.”

Y propone: “Un cambio radical en el proceso de formación humano. Ahora prevalece el condicionamiento egoico, que provoca que el hombre siga siendo un esclavo. En cambio, una educación basada en nuestra verdadera naturaleza potencia el desarrollo de nuestra conciencia, lo que nos libera de las falsas creencias acumuladas por el ego y que tanto limitan nuestra existencia. La crisis económica tan solo pone de manifiesto nuestra crisis de conciencia. Es un indicador de que algo está funcionando muy mal.”1

Ahora bien, llegados a este punto, queda determinar cuál es nuestra verdadera naturaleza. Pero, cómo vamos a definir este criterio los adultos si también estamos condicionados por las creencias que nos han transmitido en nuestro propio proceso de formación.

En primer lugar, corazón: instinto, lo que nos pide el cuerpo. Podemos llamarlo de diferentes maneras. Si aceptamos que el mantenimiento del orden establecido (statu quo), el que sea, supone un lavado de cerebro colectivo del que no somos excepción, podremos hacer un ejercicio reparador en el que intentemos discriminar los prejuicios que sirven a los intereses del sistema y eliminemos ciertas barreras que nos separan de nuestras necesidades reales y de los sentimientos de la infancia, para…

…en segundo lugar, empatía: ponernos en el lugar de los niños. Revivir aquellas emociones, poco contaminadas, de la infancia: el juego, los amigos, el placer de descubrir, la rabia de sentirse sometido…

En tercer lugar, explorar: buscar en un universo de conocimientos. Entre los grandes pensadores seguro que “conectaremos” con algunos con cuyas aportaciones sentiremos una mayor afinidad y bienestar. Sus pensamientos y conclusiones habrán de servirnos de hitos en un camino, con cruces y bifurcaciones, que deberemos recorrer nosotros, equivocándonos y aprendiendo de los errores. Podremos apoyarnos, a su vez, en la ciencia, que cada día nos revela nuevas evidencias sobre lo equivocados que hemos estado en tantas cosas.

Todo esto nos acaba llevando, en cuarto lugar, y más importante, a “respetar” la infancia, dejar hacer y no imponer nuestros prejuicios y expectativas. Así llegamos a acompañar a los niños en su exploración del mundo, dejando que su curiosidad los guíe a su ritmo, y preservar así sus instintivas relaciones sociales y con el medio. Es decir, hacen, de partida, con las menores trabas posibles, lo que nosotros hemos necesitado hacer en primer lugar para repararnos: se guían por el corazón, el instinto, lo que les pide el cuerpo; como queramos llamarlo.

[…]

En el intento, aparentemente bienintencionado, de ampliar cuanto antes las competencias de los pequeños, pero desatendiendo los procesos psicológicos propios de nuestra especie, la escuela convencional deja de ser un “vivero” en el que “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.” (DRAE) para convertirse en una carrera de obstáculos (contenidos irrelevantes, deberes, exámenes, etc.) que va dejando a muchos niños por el camino al sabotear su innata motivación por aprender (fracaso escolar).

Porque, ¿cómo es posible que en el s.XXI, con los conocimientos adquiridos sobre aprendizaje y psicología del desarrollo, y después de sucesivas reformas educativas, siga habiendo en España una escandalosa tasa de fracaso escolar?. Otro día hablaremos, más detalladamente, de motivación y enseñanza.

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Y ¿por qué, pudiendo mejorar notablemente la enseñanza, no se hace?. ¿Por qué la escuela no ha evolucionado a la par que los conocimientos sobre aprendizaje?, ¿por qué ha cambiado tan poco desde que se concibió? y ¿por qué se concibió así?…

Algunas de las respuestas a las preguntas formuladas en el último párrafo nos las da el profesor Naranjo al principio de este capítulo: posiblemente, una de las principales razones para no cambiar la educación es que quienes detentan la autoridad real no quieren cambiar el mundo. Es decir, lo que se pretende con un modelo educativo obsoleto y disfuncional es preservar el statu quo.

Observamos, ya desde su concepción, una deriva del sistema educativo tendente a concentrar su foco de acción en las competencias intelectuales y a alejarse, por tanto, de la visión integral de la educación. Esta situación de zozobra educativa ha propiciado, no obstante, el lanzamiento de algunos salvavidas, por parte de educadores sensibles y comprometidos, a los que necesitamos agarrarnos. Como muestra cabe destacar a Johann Heinrich Pestalozzi, Maria Montessori, la Cooperativa de Enseñanza Laica de Célestin Freinet, movimientos de renovación pedagógica como la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos y la Escuela del Bosque de Rosa Sensat, la Escuela de Summerhill de Alexander Neill, el “Pesta” y “El león dormido” de Rebeca y Mauricio Wild, el Programa  SAT de Claudio Naranjo, entre otros.

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PD: más claves, próximamente…  😉

1: “El hombre de hoy sigue siendo un esclavo”, entrevista a Claudio Naranjo en El País (15.02.2009).

Cambiar la educación para cambiar el mundo (III): juntos…

Al mal tiempo, buena cara”, refrán.

A pesar de seguir inmersos en plena crisis -no ya económica sino, de acuerdo con el planteamiento del profesor Lledó que expusimos hace dos entradas, moral, de inteligencia-, empezamos 2014 con mucha ilusión.  La ilusión que nos proporciona, a raudales, estar embarcados en un proyecto educativo cuyo objetivo, compartido con proyectos afines, es proporcionar a nuestros hijos el ambiente y los recursos que allanen el camino hacia su pleno desarrollo y a la autorrealización (Maslow, McIntyre, etc.). Como suponemos inquietudes similares en vosotros, amigos que nos visitáis en este blog, damos por hecho que sabéis que son muchos los pensadores que coinciden en que el mejor antídoto para el veneno que hace enfermar de miseria moral e intelectual a las sociedades es la educación. Pero educación en sentido pleno (intelectual, físico y emocional), y no el adiestramiento laboral en el que se está convirtiendo el sistema educativo oficial. Siendo conscientes del camino por el que nos están arrumbando, estamos en la obligación de generar espacios educativos alternativos en el que los alumnos puedan trazar sus propios itinerarios, por oposición a las “rutas a la empleabilidad” que propone la LOMCE, por ejemplo. Pero no podemos hacerlo solos, de forma aislada; necesitamos la acción sinérgica de quienes comparten estas preocupaciones. Esto lo tenemos que hacer juntos. Por eso, en mayo, celebraremos las III Jornadas Andolina – “Otra forma de mirar la educación”: un encuentro de familias y educadores en el que compartiremos experiencias y extenderemos nuestra red de apoyo mutuo.

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Las terceras jornadas ya…, en los tres años de vida del Colegio Andolina: no está mal. No deja de sorprenderme el nivel de realización que ha alcanzado el colegio en solo tres años; estoy convencido de que la clave es la cooperación ilusionada por un objetivo común, por un sueño…

Para conocer un poco mejor esta breve historia os proponemos un nuevo extracto del Dossier que presentamos al I Premio a la Educación Claudio Naranjo:

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Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad.”

Ninón de Lenclós; escritora, cortesana y mecenas (1615-1705)

[…]

El colectivo que forma Andolina es relativamente heterogéneo, si atendemos a los parámetros socioeconómicos convencionales. Así, podríamos decir que sus miembros están distribuidos en todos los niveles formativos (desde la enseñanza obligatoria a la superior) y en todas las circunstancias laborales (desempleados, empresarios, asalariados, funcionarios, autónomos, etc.) en variados ámbitos profesionales. Si hay un denominador común es la sensibilidad hacia la infancia y una profunda inquietud hacia el desarrollo pleno de los hijos. Esta inquietud se manifiesta, también, de formas diversas: desde la insatisfacción con el sistema educativo “oficial” hasta la crítica abierta a un modelo socioeconómico que antepone, dramáticamente, el desarrollo económico al personal.

De esta forma llegamos a la necesidad de un grupo de familias de buscar un centro de enseñanza alternativo al que ofrece el sistema. Y ante la ausencia de tal alternativa en Asturias, la necesidad de crearla. Se da entonces la aparente paradoja de que desde 2011, en plena crisis económica y, desde nuestra perspectiva, moral también, hay en Gijón un colegio privado que aboga por un modelo a contracorriente: si además de la inevitable asociación de “colegio privado” con una formación “elitista” tenemos en cuenta que, en situaciones de crisis y, especialmente, con una tasa de desempleo inaudita, la lógica que se nos impone es la de incrementar la presión en la enseñanza para proporcionar a los niños más “competencias” para una lucha individualista por la supervivencia (el aterrador “mercado de trabajo”), el colegio Andolina, muy al contrario y para desconcierto, cuando no desaprobación, de los ajenos, reduce la presión, libera a los niños de las expectativas “adultas” y les deja aprender la vida a su ritmo.

Entonces este colegio privado se convierte en un proyecto educativo cooperativo autogestionado por las propias familias que reclaman este servicio; hasta el punto de asumir todas las tareas posibles para reducir la aportación económica (cuota) al mínimo y hacerlo así accesible a la mayoría.

Andolina en Gijón

Foto by Spmxa (CC-BY-SA-3.0)

Andolina tiene, pues, vocación transformadora. Partimos de una realidad hostil y decadente, en la que se nos “vende” el sistema educativo como un igualador de oportunidades en una competición meritocrática; una línea de salida en una carrera llena de obstáculos y zancadillas, y cuya meta es cierto poder adquisitivo combinado con una alienación narcotizante que nos impida descubrir el engaño de la “movilidad social ascendente”.

Como dice el filósofo gijonés, César Rendueles: “Un efecto secundario de la meritocracia es que el sistema educativo asume una carga desmesurada. La escuela ha dejado de ser un lugar al que uno acude a tratar de aprender algo, para convertirse en el único mecanismo de justicia social aceptado. Las instituciones educativas son el espacio donde teóricamente se disuelven los privilegios heredados y se generan otros nuevos basados en el mérito. En el mejor de los casos, es una misión desproporcionada que excede la capacidad de intervención social de la educación; en el peor, una farsa que encubre el papel que desempeña el sistema escolar en la transmisión de la posición de clase.”

Pretendemos contribuir a otra realidad basada en la cooperación y el bien común, de la que Andolina quiere ser modelo. Metas ambas que no se alcanzan “adiestrando” a nuestros hijos; es el estado, creemos, al que llegan las personas autorrealizadas, es decir, aquellas que han gozado de un desarrollo pleno de todas sus facetas (intelectual, emocional e instintiva) en un entorno propicio. ¿Cómo?…  <<

Vuelve por este Espacio de Reflexión dentro de unos días y te seguiremos contando nuestra experiencia.

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